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miércoles, 2 de diciembre de 2015

CUAL ES TU MOTIVACIÓN?


El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro). (Juan 1:35-42.RVR1960).

Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús. Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.(Juan 6:24-29.RVR1960).

Luego de que Juan el Bautista cumpliera con su sagrada misión de preparar el camino del Mesías, anunciando su venida, vemos en este trozo de la Palabra en el evangelio de Juan, que dos de sus discípulos comenzaron a seguir a Jesús, sólo porque escucharon a su anterior maestro (Juan el Bautista) decir “He aquí el Cordero de Dios.” No necesitaron más, no hubo ningún tipo de milagro, nadie sanó ni resucitó en aquel momento; tan sólo el cumplimiento del anuncio tan anhelado “He aquí el Cordero de Dios.” Lo cual traducía: El Mesías ha llegado, ya está entre nosotros. No me alcanzo siquiera a imaginar la emoción tan grande que pudieron sentir los hermanos Andrés y Simón Pedro al ver a Jesús, el Cristo, quienes desde ese momento, no dejaron de seguirle. 

Contrasta este pasaje con el registrado en Juan 6:24-29. En el anterior, Jesús les pregunta a los hermanos cuando ve que lo siguen, qué buscan? En el siguiente no pregunta, afirma, porque conoce sus corazones y evade la pregunta realizada por la gente que lo buscaba, no por quien El era y lo que representaba, sino por lo que les podía dar, como el mismo Jesús indicó.

Hoy día no es muy distinto. La mayoría de la gente acude a una iglesia, (independientemente de su denominación) buscando muchas cosas menos a Dios; buscando que Dios complazca sus deseos y necesidades, en vez de anhelar su presencia en sus vidas; buscando solución a problemas, pero sin compromisos o sacrificios; tratando de llenar un vacío, pero sin querer establecer una real, íntima y sincera relación con El; buscando las añadiduras…. 

En estos días escuché el mismo relato, contado por dos personas distintas, con motivaciones distintas. El relato es el siguiente: En pleno centro de Manhattan (N.Y.) caminaban un ejecutivo y un indígena; luego de un rato, el indígena le dice al ejecutivo que está escuchando un grillo; el ejecutivo sorprendido, no cree que haya ningún grillo y le responde que cómo es posible que escuche ese sonido en medio de semejante barullo. Continúan su caminata y unos pasos más adelante, el indígena atrapa al grillo, diciendo: escuchamos lo que queremos escuchar… y le solicita unas monedas al ejecutivo, las cuales lanza al piso. Al tintinear, algunas personas alrededor, se dieron vuelta buscando el origen del sonido. Volvió a afirmar el indígena, ves? La gente escucha lo que quiere escuchar.

Por esta razón, cada persona elige quedarse en la congregación donde le dan lo que quiere.

Jesús también dijo “pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,… (Juan 10:26-27.RVR1960).

Así como lo siguieron sus dos primeros discípulos Andrés y Simón Pedro.

Te invito a que en tu intimidad con el Señor, le respondas a Jesús su pregunta “Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis?”

Y a que te cuestiones y te respondas los siguientes interrogantes.... 

qué estás escuchando.....?  

a qué o a quién estás siguiendo?   

cuál es tu motivación?

Mas buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas os serán añadidas. (Mateo 6:33.RVR1960).

Amad@s, comienza el mes de diciembre, se acerca la Navidad, época de reflexión, de detenernos y corregir, de volver a empezar.

Hoy quiero orar por ti que lees esto, para que sea Dios en su infinita misericordia y a través de su Santo Espíritu, guiándote a toda verdad, pido al Dios del cielo, a nuestro Padre Celestial que te de sabiduría, que te llene de su amor y su paz, la que sobrepasa todo entendimiento; que tu corazón sea tocado por Su Palabra y tu vida transformada; mi oración por ti hoy es que tomes la decisión como aquellos dos primeros discípulos y sigas a Jesús, el Mesías…en Su nombre, amén y amén.

Bendiciones, Gracia y Paz.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

CRISTO NOS DA LA VICTORIA


Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? 

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 

¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero.

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.(Romanos 8:28-37.RVR1960)

“Con Cristo somos más que vencedores” “Dios te dará la victoria”. Desde muchos púlpitos se escuchan tanto estas frases, que más parecen un slogan publicitario, que lo que realmente implican y significan. O, el énfasis que hacen en la palabra "todo" "todos" "todas", sobretodo cuando se habla sobre lo que Dios nos dará como en el versículo de Romanos arriba mencionado.."¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? " Por lo general, la palabra todo, todos, o todas, se usa de manera genérica, para indicar cantidad. Por ejemplo, nosotros en nuestro hablar cotidiano utilizamos la frase "todo el mundo", cuando queremos dar a entender que es mucha gente, es decir, no es literal. Con la Escritura ocurre algo similar, y de debe interpretar a la luz del contexto.

Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.

Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 

Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. (Gálatas 5:16;19-25.RVR1960).

Nuestra lucha no es contra sangre y carne (otros seres humanos), nuestra lucha constante y permanente es espiritual y la peor batalla es la que libramos en nuestras mentes, contra nosotros mismos.

La Palabra en estos pasajes no está hablando de cosas materiales o mundanas. No se refiere a conseguir el trabajo que sueñas, o el dinero que necesitas o crees necesitar, o una casa, ganar un pleito, ni mucho menos pagar deudas o que Dios te dará absolutamente todo lo que le pidas. Dios está hablando sobre vencer la carne, el pecado, ya que Cristo lo venció con su muerte en la cruz; nadie puede acusarnos ante el trono celestial.

Cuando la Palabra te dice que con Cristo eres más que vencedor, es en cuanto a que Él ya venció y si somos uno con Él, nosotros también. Pero no solos, no con nuestras fuerzas, es con Su poder. Dios lo sabía. El nos conoció, nos predestinó, nos creó para conformarnos a la imagen de su Hijo, nos llamó, nos justificó y nos glorificó. El conoce perfectamente nuestra naturaleza débil y pecaminosa. No podemos defendernos solos ante nuestro acusador (el diablo); pero nuestro único y suficiente defensor, nuestro amado Jesús, sí puede, por eso es nuestro intercesor “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.”

Debemos ser uno con El. Así podremos mortificar nuestro pecado remanente. Podremos vencer la ira y la envidia, el orgullo y egoísmo, las costumbres malsanas. Y ahí sí podemos afirmar con toda certeza que con Cristo somos más que vencedores.

Bendiciones, Gracia y Paz

Gracias Señor por tu gran amor, que fuiste capaz de entregar a tu único Hijo por la salvación y amor hacia tus elegidos, sin que haya mérito alguno. Gracias por guiarnos hacia ti por el camino angosto; gracias por disciplinarnos aunque nos duela y no nos guste, porque así sabemos que somos tus hijos amados. Perdónanos por dejarnos llevar por nuestras propias concupiscencias hacia doctrinas mundanas motivadoras, que únicamente manejan y manipulan nuestras emociones y que luego de escucharlas quedamos más vacíos que antes. Danos hambre por alimento sólido, por la leche no adulterada y el discernimiento para notar la diferencia. En el nombre de Jesús oramos. Amén, amén y amén.