jueves, 3 de septiembre de 2015

FE SIN OBRAS....

Dios aprueba sólo a los que tienen fe en Jesucristo. Somos aprobados por Dios por nuestra fe en Cristo, no por actos de obediencia a una ley, porque nadie consigue estar bien con Dios por actos de obediencia. (Gálatas 2:16.PDT).

Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. (Santiago 2:17-19.RVR1960).

Que afirmación tan fuerte la que hace el Apóstol Santiago en este pasaje, el cual parecería –a simple vista- contradecir lo dicho por el Apóstol Pablo en Gálatas, pero no es así. 

Para ilustrar mejor el punto, vamos a un conocido pasaje bíblico en Mateo 14:22-33, cuando Pedro, obedeciendo a Jesús, salió de su barca y caminó sobre las aguas. Casi todas las veces que he escuchado esta historia, el enfoque es sobre no perder de vista a Dios, sobre no dejarnos llevar por nuestros temores e inseguridades, sobre salir de nuestra zona de confort. Hoy Dios me ha dado un enfoque distinto y es la fe de Pedro, que fue la que lo llevó a ser la única persona en el mundo –además de Jesús- que caminó sobre el agua. 

Sí, Pedro dio unos cuantos pasos porque creyó en Jesús (no en él mismo) y siguió su voz; aunque se empezara a hundir luego, y eso amad@ lector es fe + obras. Así que cuando Santiago dice que la fe sola es insuficiente porque requiere de obras que la confirmen, es de esto de lo que habla; de confiar en nuestro Padre Celestial, quien siempre procura nuestro bienestar, aunque no lo entendamos y a veces ni siquiera lo parezca.

Fe + Obras es decir:

“Señor, por mi fe en Ti, contra todo pronóstico seguiré el tratamiento médico porque confío en que Tú me sanarás, si esa es tu voluntad.”

“Señor, por mi fe en Ti, aunque me hayan negado el crédito que necesito para obtener mi casa, tocaré otras puertas con la certeza de que Tú abrirás la correcta, a su tiempo, si es tu voluntad.”

“Señor, por mi fe en Ti, seguiré enviando hojas de vida porque Tú tienes el trabajo perfecto para mi, si esa es tu voluntad.”

Eso es fe con obras. No se trata simplemente de obedecer los mandamientos y de ayudar a los demás, lo cual es muy bueno; es también actuar en pro de lo que creemos, queremos y soñamos; es creer para ver, confiados porque sea cual fuere el resultado, depende de Dios y sabemos que su voluntad es buena, agradable y perfecta.

Bendiciones, Gracia y Paz.


Padre Celestial, en este día, además de agradecerte por el privilegio de disfrutar de un día más, queremos pedirte que aumentes nuestra fe, para que así podamos acompañarla de obras que la confirmen y darte la Gloria. Permítenos aceptar Tu voluntad y danos la fortaleza, el coraje y la valentía para ponerla en práctica en nuestras vidas. En el nombre de Jesús te lo pedimos y te damos gracias. Amén y Amén.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

NACER DE NUEVO

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. (Juan 3:3-7.RVR1960).

Los que por su Gracia, hemos tomado la decisión de seguir a Jesús, asumimos también el reto de “nacer de nuevo”, porque somos bautizados en agua y recibimos el Espíritu Santo de Dios, cumpliendo así con lo que Jesús dijo a sus discípulos en el versículo mencionado arriba. 

Esa es tan solo una pequeña parte de la historia, con la que tristemente muchos nos conformamos, creyendo erróneamente que estamos bien y haciendo lo que a Dios le agrada, pero no es así. Hace falta algo muy importante, quizá tan o más importante que nacer de nuevo; algo sin lo cual, no se produciría efectivamente esto último y es morir.

Tiene sentido, no? Para nacer de nuevo, primero debemos morir y claro, podemos decirnos a nosotros mismos y a los demás, que morimos a nuestra vieja naturaleza, que ya no pecamos como antes, que dejamos muchas cosas, etc., etc.

Pero…. y qué de lo que aún conservamos? El morir no sólo implica el pecado, implica morir a nosotros mismos también, a nuestro yo, a nuestro ego (que finalmente sigue siendo pecado), y eso es mucho más fácil decirlo que hacerlo.

Por algo…. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. (Mateo 16:24-25.RVR1960).

Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. (Filipenses 1:21.RVR1960), dijo el Apóstol Pablo.

De eso nos hablan estos versículos; de morir para vivir, de morir para nacer nuevamente y hacer lo mismo que hizo Jesús, quien murió físicamente por nuestra salvación. Para nosotros no implica una muerte física, salvo algunos casos donde aún no existe la libertad de culto. Para nosotros morir significa anteponer los deseos y necesidades del otro antes que los propios, dejar de lado el orgullo, la ira, el egoísmo, la mentira, la envidia, el egocentrismo, la soberbia, la vanidad, el resentimiento y falta de perdón, la contienda, los celos, la idolatría…. 

Que si es difícil? Por supuesto que lo es. 

Que si vale la pena? Totalmente; pues al ir muriendo, poco a poco el carácter de Cristo se irá fortaleciendo en nosotros y viviremos llenos de paz, amor, gozo, bendiciendo las vidas de todos a nuestro alrededor, empezando por la nuestra.

Pidámosle hoy a nuestro Padre, que bajo la lupa de su Santo Espíritu, nos examine y nos vaya puliendo, moldeando, podando para cambiar, para morir y poder gozar verdaderamente de ese nuevo nacimiento.

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno. (Salmos 139:23-24.RVR1960). En el nombre de Jesús te lo pedimos y te damos gracias. Amén y Amén.


Bendiciones, Gracia y Paz.

martes, 1 de septiembre de 2015

AY LA PRUEBA

Ya sabemos que Dios da a cada uno conforme a sus capacidades (bendición, dones, talentos), pero lo que quizá desconocemos es que esto incluye también las pruebas; es decir, que a nadie le da más de lo que pudiera soportar.

Qué maravillosa revelación de la Palabra en Santiago “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.” (Santiago 1:2.RVR1960).

No sólo por lo que producen en nosotros que es igualmente bueno, sino porque es un honor y privilegio que Dios nos concede. Hace algunos años, durante un tiempo de prueba muy fuerte, un amigo muy querido me dijo: “Dios le da las pruebas más duras a quienes considera más fuertes”. Hoy, después de 23 años, esas palabras cobran un hermoso sentido; es como cuando estamos estudiando y a medida que avanzamos las exigencias, los exámenes y proyectos van siendo cada vez mas complejos. Tal cual ocurre en nuestra vida con Dios, quien, mientras más potencial sepa que hay dentro de nosotros, más nos hará explotarlo. El quiere que crezcamos en todo sentido.

Si estás en medio de una prueba –o cuando lo estés- que parece superior a todo cuanto hayas pasado, alégrate y dale gracias a Dios por tenerte en tan alto concepto. Recuerda que es un privilegio y quizá la única manera de probarte a ti mismo de lo que eres capaz.

Dios bendiga tu vida rica y abundantemente.

Espíritu Santo de Dios, infinitas gracias por revelarnos cada día tu Palabra; por darnos ese alimento espiritual que nos fortalece cada vez más. Te pedimos, ya que tu pones el querer como el hacer, que siembres en nuestros corazones el anhelo constante por ese alimento, tanto o más como anhelamos el alimento para nuestro cuerpo físico y declaro, en el nombre de Jesús que nuestros corazones serán tierra fértil donde la buena semilla, dará fruto a su tiempo y se multiplicará al ciento por uno. En el nombre de Jesús oramos. Amén.